A pesar de que niños y jóvenes son usualmente considerados el futuro de la sociedad, pocas veces se toma en cuenta su visión, sus sueños, sus preocupaciones y sus propuestas para el futuro, rara vez son escuchadas. Quedan reducidos así a espectadores de un mundo adulto que construye los futuros que ellos habrán de habitar. Jóvenes y niños son considerados seres inmaduros a los que entusiastamente se les entrega el futuro, pero a los que no se les enseña a pensar en él.

Nosotros como Fundación Lyncott, trabajamos para los jóvenes y debemos cuestionarnos día a día, cuál es nuestro objetivo, indagar en sus inquietudes, sus sueños, sus preocupaciones y sobre todo sus planes a futuro, ya que eso nos dará la dirección correcta y sabremos desarrollar las estrategias necesarias para apoyarlos.

Entre los jóvenes existen múltiples prácticas sociales (preocupaciones, intereses, posición económica y social, nivel educativo, prácticas de producción y consumo cultural, etc.).

Los jóvenes mexicanos viven hoy (como también lo hacen los adultos) una situación objetiva difícil de inestabilidad y transitoriedad, en un ambiente de corrupción, violencia, impunidad y desconfianza. En México, como en otros países latinoamericanos, la exclusión social (pobreza, desempleo o subempleo, marginación) ha sido una constante que se ven obligadas a aceptar grandes porciones de la población. Cerca de 52 millones de mexicanos viven en estado de pobreza y unos 11 millones en pobreza extrema. Y algunos rasgos de exclusión social (como el desempleo) son más notorios entre los jóvenes que entre los adultos.

Si bien la juventud suele asociarse con el deseo de cambio, de transformación e innovación, con energía vital y con generación de expectativas, la experiencia de muchos jóvenes mexicanos transcurre en un ambiente de dificultades y escasez de oportunidades para expresar dichos rasgos. 6 de cada 10 jóvenes mexicanos no estudian ni el bachillerato ni la universidad y 7 millones de ellos ni estudian ni trabajan. Los jóvenes mexicanos consiguen empleos cada vez más precarios, más inestables y sin garantía. Otros se emplean en trabajos para los que están sobre calificados; y unos más emigran. En lo laboral, lo que pueden obtener los jóvenes mexicanos a través del ámbito legal regido por lo público, es muy limitado y produce desesperanza; queda el desempleo o el camino de la informalidad, lo mismo en actividades legales (comercio informal, por ejemplo) que ilegales (como el contrabando, el robo o el narcotráfico).

Según la Encuesta Nacional de Adicciones de 2011, cuatro de cada cien jóvenes mexicanos son alcohólicos y el 1.5% son drogadictos. La tasa de homicidios de jóvenes ronda entre 6 y 7 por cada mil. El suicidio es ya la tercera causa de muerte (después del cáncer y los accidentes automovilísticos) de los jóvenes, y la tasa de suicidios se incrementó en más de un 70% durante la última década del siglo pasado.

Sin duda estas cifras son aterradoras, pero son la razón perfecta para impulsar nuestra labor y darles un grano de esperanza. En Fundación Lyncott creemos que un joven empoderado y talentoso, se convierte orgullosamente en el centro y fortaleza de una familia y en el motor de un mejor país; y lo lograremos mediante el empoderamiento por medio de talleres de arte, idiomas, tecnología y deporte.

Debemos, por tanto, asumir este rol y esta responsabilidad con las siguientes generaciones y convertirnos en potenciadores del talento mexicano como palanca de transformación y crecimiento económico. De hacerlo, no solo estaremos rescatando a una generación que nos necesita, también nos estaremos asegurando un futuro próspero para todos. Su talento es, en realidad, nuestro salvavidas.

EL FUTURO DE MÉXICO ESTÁ EN LOS JÓVENES

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